Trabaja cuando le apetece, deduce con lógica implacable y resuelve casos extraños guiándose solo por su intuición.
Con un mono como asistente y soñando con jubilarse, el detective duerme en un refrigerador esperando que alguien muerda el anzuelo.
Bajo la fabuluna, las bestias aúllan. ¿Cómo terminará su cacería?